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日志


1月31日

NIEVE EN VALENCIA

 
El viernes estábamos en el trabajo y llovía a cántaros. Como sabéis, trabajo en Paterna.
 
Se fue la luz y tuvimos un inesperado pero siempre bien recibido ratito de descanso. Mientras tanto, nos llegaban noticias de distintas fuentes sobre lo que estaba ocurriendo en Valencia.
 
Nevaba. Nos entusiasmó tanto la noticia que, visto que la ausencia de luz no nos permitía trabajar, estuvimos a punto de pedir permiso para irnos a casa a jugar con la nieve. De hecho, llegamos a insinuárselo al jefe, pero volvió la luz y no le dio tiempo ni a percatarse de que no estábamos de cachondeo. Una pena.
 
Si en vez de nevar en Valencia, hubieran nevado en Paterna, seguro que no hubiéramos resistido la tentación de salir a la calle durante el apagón, y puede que incluso aunque no hubiera habido apagón, a tirarnos alguna que otra bola.
 
Hubiera quedado la mar de bien el mensaje en el contestador de "Ha llamado al Departamento Comercial. Estamos jugando con la nieve. Le rogamos deje su mensaje después de la señal y le atenderemos en cuanto volvamos a comportarnos como adultos"
 
Al volver a casa y contrastar la información del tiempo con familiares y amigos que presenciaron tan inusual evento metereológico, parece ser que más que nevar, granizó, pero no era el habitual granizo al que la naturaleza nos tiene acostumbrados, al menos por las tierras valencianas. En cualquier caso, cuajó como si fuera nieve.
 
Como una imagen vale más que mil palabras, ahí tenéis un par de fotos. Juzgad vosotros mismos.
 
La nieve quedará en el tiempo como una mera anécdota divertida, pero realmente ¿qué está pasando con el tiempo?
 
Cada vez hay más fenómenos de la naturaleza a los que no estamos acostumbrados o los que eran habituales en unas zonas, empiezan a ocurrir también en otras. Me viene a la memoria el pequeño terremoto de Valencia o el tornado de Barcelona de hace dos o tres años. Algunos nos divierten, otros nos entristecen y otros hasta nos asustan.
 
El domingo charlábamos sobre esto Supersandía, L y yo mientras cenábamos en L'Albergina. Por lo que comentaba Supersandía, que de estas cosas entiende un rato, no todos estos fenómenos tienen que ver con el calentamiento global que parece que está provocando un cambio climático, pues quizás antes ya ocurrían y no había tanta información, pero hay que reconocer que la situación es realmente preocupante. Nos estamos cargando la naturaleza.
 
El fin de semana anterior, cuando vino S a vernos a Valencia, después de ver todo tipo de seres marinos en el Oceanográfico, desde tiburones hasta pingüinos pasando por pececillos de todos los colores, delfines, focas, belugas, morenas y un largo etcétera, fuimos al Hemisféric y vimos una película sobre los arrecifes de coral, donde después de mostrar con todo detalle esa maravilla de la naturaleza como si estuvieras buceando por el mismísimo fondo del océano, enseñaban el estado actual de algunos arrecifes que, debido al calentamiento del agua y la sedimentación que provoca la deforestación, están ya muertos. La imagen era realmente desoladora. Era literalmente la imagen de la muerte, lo más parecido a un esqueleto en su equivalente animal.
 
De un tiempo a esta parte, no cesan las noticias sobre sunamis, terremotos, inundaciones, huracanes y todo tipo de desastres naturales, que caprichosamente atacan hasta en los lugares más inusuales, mientras vemos como pasamos del invierno al verano y viceversa y nos preguntamos qué habrá sido de la primavera y el otoño.
 
Puede que todos estos fenómenos no tengan relación entre sí, pero cuando los miras todos juntos ¿verdad que asustan?
 
 
 
Aprovechando el tema de hoy, os recuerdo el llamamiento de la semana pasada de Supersandía para que mañana apaguemos las luces y demás aparatos eléctricos de 19.55 h a 20.00 h.
 
1月22日

(A PETICIÓN POPULAR) MÁS ALLÁ DEL PLACER

 
A petición popular, detallaré mis experiencias sensoriales y extrasensoriales del sábado por la tarde en el spa. Al fin y al cabo, lo prometido es deuda y es cierto que estabais todos esperando una descripción detallada especialmente de la sesión individual de relajación con J el osteópata y no es exactamente lo que he hecho en el post anterior, aunque no dejéis de leerlo porque os haréis una idea de la influencia que ha tenido semejante experiencia en mí.
 
Primero entramos en una piscina caliente en la que ibas pasando por distintos chorros enfocados a todas las partes del cuerpo con mayor o menor presión y fuerza, desde los tobillos hasta la cabeza. Lo mejor, las tumbonas. Sí, había como un escalón para que te tumbaras dentro de la piscina y te salían chorros que iban al cuello y a las piernas. Entre unos chorros y otros, salías para meterte en una piscina de agua helada para hacer contraste. La primera vez casi no eras capaz ni de meter un pie, pero realmente te reactivaba toda la circulación. Nos hubiéramos pasado la tarde ahí, en un estado cercano al éxtasis, aunque menos mal que no lo hicimos porque nos hubiéramos perdido el resto y era para no perdérselo.
 
Pasamos por 3 saunas: la romana (la más normal, pero no por ello, menos recomendable), el baño turco (con mucho vapor, tanto que al principio cuesta respirar) y la finlandesa (la más seca de todas, con banquitos de madera) y, entre una y otra, para hacer contraste, había una ducha de agua fría y lo mejor de todo, "la cueva del hielo", donde tenías hielo picado para ponértelo por la cara y frotártelo por todo el cuerpo que está ardiendo por el calor de la sauna y lo derrite al instante. No sé si debería decir esto, pero lo del placer que produce el hielo no es un tópico, ahora entiendo que la gente tenga fantasías de este tipo.....jajajaja. En fin, no hace falta decir más.
 
Después había un pasillo con piedrecitas y chorros de frío y calor por el que había que pasar descalzo y que tenía un nombre que no recuerdo. De ahí a las duchas: el cubo suizo, la ducha pulverizante, la de colorterapia y la de aromaterapia. Menos el cubo suizo que litealmente consiste en tirarte un cubo de agua fría por la cabeza, el resto consiste en duchas con chorros enfocados hacia distintas partes del cuerpo que te recorren de abajo a arriba alternando frío y calor. Genial, la verdad.
 
Una vez terminado todo esto, cuando ya crees que no puedes estar mejor, te tumbas en una hamaca, te sacan un zumito y te dan un masaje facial que es breve porque si fuera más largo te torrarías y ya no te sacarían de la tumbona ni con una bomba.
 
Y entonces llegó la hora de la tan esperada como misteriosa "sesión de relajación individual". Esto me va a costar más explicarlo, no me extraña que la chica de la recepción no fuera capaz de decirme en qué consistía, pero bueno, voy a intentar transmitiros mi experiencia, aunque lo mejor que podéis hacer es experimentarla vosotros mismos, no creo que os arrepintáis.
 
Sin apenas mediar palabra, J el osteópata me metió en una habitación a media luz y me dijo que no podía explicarme lo que iba a hacerme porque escucharía mi cuerpo y en función de lo que percibiera, me iría haciendo. Me tumbé con el albornoz puesto (que os conozco y ya estabais dando rienda suelta a vuestra imaginación...jeje) boca arriba y me tapó los pies con una toalla. Me dijo que respirara con normalidad y que si quería podía dormirme. Fue palpando cada parte de mi cuerpo con pequeñas presiones (no es un masaje, no tiene nada que ver), siempre en el más absoluto silencio, empezando por la cabeza y bajando hasta los pies para después volver a subir. Poco a poco fui perdiendo el control sobre mi cuerpo y, para que entendáis lo que quiero decir, os pondré un ejemplo. En un momento dado, me picaba un poco un oído, probablemente se estaría saliendo un poco de agua que me debió entrar en la piscina y, al notar el cosquilleo, quise mover un brazo para tocármelo, pero no obedeció la orden de mi cerebro y se quedó ahí, extendido, mientras yo me sorprendía por la pérdida de conexión entre mi mente y mi cuerpo. Notaba moverse la energía y mi cuerpo ya no me obedecía, no sé muy bien cómo explicarlo.
 
Durante todo el día había tenido un persistente dolor de cabeza, de éstos que no consigues quitarte por más paracetamol que te tomes y, aunque no le había dicho nada a J, noté que estuvo insistiendo en la zona de la cabeza hasta que consiguió que se fuera. No sé si realmente escuchaba mi cuerpo o no, pero supo dejarme como nueva y no le pedí que se casara conmigo cuando terminó porque estaba demasiado extasiada para articular palabra, pero vamos, la experiencia va más allá del placer.
 
Efectivamente, no era lo que parecía, pero digamos que lo que parecía te lo puede hacer cualquiera y esto.....esto es diferente.
 
Gracias Spider, gracias M. Podéis repetir el regalo cuantas veces queráis. Cuando sea millonaria, iré todas las semanas....o puede que todos los días.....el cielo debe estar bastante cerca de esto.
 

RENOVADA Y FELIZ

 
He vuelto. En algún momento desaparecí. No sé exactamente cómo ni cuando ni por qué. Me echaba de menos y no era capaz de hacerme volver, pero por fin creo que me he recuperado a mí misma.
 
Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana tan bien. Tranquila, relajada, disfrutando de cada momento. No sé si ha sido la visita de S, la sesión de relajación o una perfecta  combinación de ambas cosas, pero lo cierto es que realmente creo que he recuperado mi paz interior.
 
Me siento positiva. No sé explicarlo muy bien. Es como una sensación de alivio por haber recuperado un estado al que creía que ya nunca volvería. Miro hacia atrás con una extraña sensación de lejanía. El continuo malestar y la agonía que han estado minando mi estado de ánimo últimamente, los percibo ahora como un vago recuerdo de algo que ya ha pasado.
 
Tenía ganas de que llegara el fin de semana, teníamos muchos planes: el spa, el Oceanográfico, las compras de cosméticos, etc. Siempre que hay un día prometedor, o una noche o un fin de semana que esperas pasarlo bien, hay una sombra que planea amenazando estropearlo o impedir que esté a la altura de tus expectativas.
 
Esta vez no sólo no ha sido así sino que las ha superado con creces. Esperaba pasarlo bien, pero no esperaba que produjera un cambio tan grande en mi actitud.
 
Las últimas veces que he salido de fiesta, por poner un ejemplo, todo me agobiaba, no soportaba estar en ningún sitio, ni estaba a gusto con nada ni con nadie. Sabía que el problema estaba en mí, en mi actitud, pero el hecho de saberlo no me ayudaba a cambiarlo y eso todavía me agobiaba más. Me sentía impotente y me enfadaba conmigo misma, lo que no ayudaba en absoluto a mejorar la situación.
 
Sin embargo, el sábado por la noche la cena no fue especialmente suculenta ni la música del pub especialmente buena, al menos no mejor que otras veces. Era mi actitud la que era radicalmente diferente. Me sentía bien, a gusto, tranquila y estaba contenta de estar ahí. Me sentía capaz de todo. Cené, bailé, me reí, disfruté de cada momento y me sentía feliz de haber recuperado a la V positiva que pensaba que había desaparecido y que ya nunca sería capaz de encontrar. Y el hecho de percatarme de lo bien que me sentía me hacía sentir aún mejor.
 
El domingo siguió envuelto por esa espiral de energía positiva que todavía reina en mi interior y que espero ser capaz de mantener. Ahora que me he encontrado, no me quiero volver a perder.
 
Podría hablaros durante horas de todo lo que hemos hecho este fin de semana, detallaros cada etapa del circuito spa, o explicaros con detalle la sesión de relajación con J el osteópata, que efectivamente no era lo que parecía pero creo que fue mucho mejor, contaros con pelos y señales la salida nocturna  o las últimas adquisiciones de cosméticos o la visita al Oceanográfico y al Hemisférico, pero eso podréis verlo en las fotos y lo que de verdad quiero transmitiros es mi alegría. Me alegro por mí y es una sensación extraña porque siempre me he alegrado por la gente que quiero, o por lo bien que ha ido esto o lo otro, pero no es que me alegre por lo bien que ha ido el fin de semana, mi alegría llega más allá y creo que lo que me pasa es que me alegro por mí y lo que todavía es más difícil de explicar, me alegro de alegrarme por mí.
 
Si releo lo que he escrito, parece que evoca una sensación de euforia, pero nada más lejos. Yo definiría lo que siento como una "alegría tranquila". Siempre hemos bromeado con el tema de perder o recuperar la "paz interior", pero creo que ahora mismo puedo afirmar que siento esa "paz interior" y eso me llena de energía positiva y me hace  sentir feliz y hace tanto tiempo que no me sentía feliz que había olvidado cómo era y lo que es peor, había olvidado que yo podía sentirme así.
 
Últimamente he comentado con algunos de vosotros que sentía melancolía por algo que creía definitivamente perdido, he dicho cosas como "es que yo antes no era así" y realmente me entristecía porque sentía que me había perdido y me ha sorprendido tanto reencontrarme conmigo misma o, como decía antes, recuperarme a mí misma, que eso ha multiplicado esa energía positiva aún más.
 
Espero ser capaz de mantener esa espiral de energía positiva y os doy las gracias a todos los que de alguna manera habéis contribuido a que vuelva a encontrar la paz, que sois muchos más de los que pensáis, y muy especialmente a S por venir a vernos este fin de semana y, sobre todo, a mi hermano y a M por el regalo del bono relajación que estoy convencida de que ha influido en gran medida para hacerme sacar toda esa energía que estaba por ahí escondida en mi interior y a la que le voy a poner un cascabel para no volverla a perder.
 
Para terminar (estoy tan extasiada que casi se me olvida...), gracias también a J el osteópata por lo que es capaz de hacer con las manos y que yo no soy capaz de explicar con palabras.
 
1月18日

J EL OSTEÓPATA Y LA PROMETEDORA SESIÓN DE RELAJACIÓN INDIVIDUAL

 
Los Reyes vinieron cargaditos este año y, entre otras cosas, gracias a la carta que enviaron mi hermano Spider y su querida novia M, me trajeron un bono de relajación en un spa que han abierto nuevo en Valencia. El bono incluye: circuito spa, zumo natural, masaje facial y una misteriosa sesión de relajación individual que no sé muy bien en qué consiste.
 
Con el fin de desvelar el misterio, me acerqué allí con A el domingo pasado, pues entre las actividades programadas para el próximo fin de semana, A, S y yo vamos a ir juntas al spa.
 
La chica del mostrador no tenía realmente mucha idea, pero intentó explicarse y dio lugar a un diálogo de lo más cómico.
 
- Hola buenas tardes. Me han ragalado un bono relajación y quería saber en qué consiste la "sesión de relajación individual", por si prefiero un masaje relajante o algo así si se puede cambiar.
 
- Uy, pues para cambiarlo tendrías que hablar con mi jefa que hoy no está.
 
- Bueno, en realidad si me explicas lo que es igual me gusta más y no quiero cambiarlo.
 
- Pues la verdad es que no sé muy bien en qué consiste, pero te meten en una habitación con un chico y él te hace cosas durante 1 hora para que te relajes.
 
- Woowww....jajajaja.....entonces no quiero cambiarlo.
 
- Bueno, el chico es osteópata - añadió intentando arreglarlo.
 
- Ah, pues mejor - contesté yo tratando de aguantar la risa tentada de decirle algo como "podría haber sido contorsionista, pero nos conformaremos" y consiguiéndolo a duras penas.
 
Total, que dejamos el bono como estaba y el sábado conoceremos a J, el osteópata que dará vida a nuestras fantasías al menos hasta el sábado, donde probablemente comprobaremos que la sesión de relajación individual no es lo que parece, pero espero que igualmente quedemos satisfechas y relajadas.
 
1月15日

EL RETORNO DE LAS CUQUIS

 
Ayer fui al cine a ver BABEL con A. Entré en casa sobre las 22.30 h y fui directa a mi habitación a ponerme el pijama antes de cenar y tirarme en el sofá en plan relax prerretorno a la semana laboral.
 
Todavía no me había quitado la chaqueta cuando de pronto, un pequeño ser marrón asqueroso pasó caminando con sus finas patitas por delante de la cómoda.
 
Una vez más, me quedé paralizada. No sé qué me pasa de un tiempo a esta parte, que las cucharachas provocan ese efecto en mí. Antes no era así, solía matarlas sin contemplaciones, sin pestañear. Creo que el hecho de que estén en mi casa, que no es precisamente una residencia temporal, es lo que ha hecho salir toda la cobardía que estaba latente en mi interior.
 
Quería coger un zapato y estampáselo, pero no podía moverme. Y ahí estaba la cuqui, mirándome con superioridad. Por fin reaccioné, tarde como siempre, y cuando al fin conseguí armarme con una zapatilla y un poco de valor, se metió debajo de la cómoda que yo creía que tocaba el suelo, pero al parecer hay un hueco de medio milímetro por el que tranquilamente puede pasar cualquier bicho contorsionista que se precie.
 
A la vez que decidía que iba a dormir en el salón, fui a la cocina mirando hacia todos los lados con desconfianza y cogí el bote de Cucal. Casi lo vacié. Fumigué toda la casa hasta prácticamente morir intoxicada.
 
No se puede una confiar. La ausencia total de invasores durante un año y medio, me hizo descuidarme y no había cambiado las trampas, cosa que pienso remediar esta semana sin falta.
 
Resignada y con una sensación total de impotencia me fui al salón, que al menos está en el área opuesta de la casa, cerré la puerta, como si por la rendija de un centímetro que hay debajo no pudiera pasar la misma cuqui que hacía escasos minutos había sido capaz de meterse por el medio milímetro apenas perceptible de debajo de la cómoda, me subí al sofá con el bote de Cucal en la mano y puse mis zapatillas en alto por si cuando bajaba el pie algún desaprensivo se había escondido dentro, aunque teniendo en cuenta que esta especie en concreto vuela, no era una solución del todo lógica.
 
Transcurrida una hora, el hambre pudo más que el miedo y saqué los últimos resquicios de valor para ir hacia la zona crítica. Pensé que lo mejor era afrontar la situación porque, durmiera donde durmiera esta noche, no podía ceder para siempre mi habitación a las cuquis ni mucho menos la cocina.
 
Sin soltar el arma fumigadora, entré en mi cuarto y moví la cómoda esperando ver salir miles de cuquis supervivientes corriendo en todas direcciones, pero para mi sorpresa y tranquilidad, no había nada. Ni siquiera estaba la cuqui que se había escondido ahí, ni viva ni muerta.
 
Problema: ¿Dónde se había metido?¿en mi cama? Tiré un poco más de Cucal, que nunca está de más. Ya casi no se podía ni respirar, pero como probablemente no iba a dormir ahí...
 
Fui a la cocina a coger rápidamente un poco de paté, queso y pan tostado porque lo de pasarme un rato allí cocinando y conviviendo en armonía con mis silenciosas amigas escondidas por cualquier parte estaba totalmente descartado.
 
Cogí una bandeja, puse un cuchillo, un poco de queso de cabra y una lata de paté y, cuando fui a coger la servilleta y el pan tostado, la vi. Estaba en el suelo, había muerto de camino al hueco de la lavadora, de donde probablemente procedía. Estaba boca arriba moviendo lentamente sus patitas. Iba a cortar un grueso trozo de papel de cocina para cogerla, pero no me sentía capaz mientras siguiera moviéndose. Son casi invencibles. La chafé con la zapatilla y todavía seguía moviendo las patas, ¿cómo es posible?¿es que no hay manera de aniquilarlas? Repetí la operación tres veces más hasta que quedó inmóvil por completo. Después cogí la escoba y el recogedor y retiré los restos sin vida de la invasora.
 
Me quedaba una duda: ¿era ésta la que estaba en mi habitación? Imposible saberlo, aunque lo mejor era pensar que era así, con el fin de recuperar las riendas de mi casa y de mi vida.
 
Balance final: sobre las 2 de la mañana decidí mudarme del sofá a la cama con el fin de afrontar mis miedos y pasar una noche más cómoda aunque no completamente ausente de paranoias cuquifóbicas.
 
 
1月2日

BIENVENIDO MISTER 2007

 
Gracias a todos por estar ahí en los grandes momentos, disfrutando conmigo de los más felices, compartiendo los más emocionantes y soportándome en los más difíciles.
 
Gracias a todos por estar ahí también y sobre todo en los pequeños momentos, formando parte de mi día a día cada día, cada semana, cada mes y cada año hasta ahora.
 
Del año que termina me quedaré con lo bueno y trataré de aprender de lo malo.
 
Gracias al 2006 por la vidilla paralela en el ciberespacio del blog, que está a punto de cumplir un año, por el kebab de los domingos y los paseillos consumistas o no de los sábados, por la purpurina de la vida y los "crystals" del Glam Shine, por las espontáneas e improvisadas pizzas siempre en buena compañía, por las compartidas noches de cine y la mantita del sofá, por el Capitán de las tormentas, por los falleros festeros importados y autóctonos, por los cumpleaños con celebración múltiple, las despedidas de solteros y los bodorrios, por las historias de "Ella" y esos versos en mi prosa, por las aventurillas de Barbie Montañera y esos paseos submarinos en las cristalinas aguas de la costa alicantina, por el turismo de interior en ese intento fallido de bucear por Tabarca amenizado por Radio Pego y sus exclusivas canciones basadas en cuentos infantiles como "Lobo Malo", por un verano más en Alcoceber con las tres mosqueteras, por ese fugaz compañero de piso que casi no llegó a instalarse en mi casa pero sí en nuestras vidas, por los reencuentros y las despedidas, por el Tito's que nos recibe casi cada domingo en un ambiente tan familiar ya como la casa de mis padres, por la recién descubierta bricomanía, mi siempre sorprendente ascensor y las goteras, por el breve pero intenso reencuentro con el volante del dúo Fitipaldi, por los partidos de fútbol en el río y las torràs, por el desesperante estrés inmobiliario que me ha hecho ver dónde tengo el límite, por el psicoanálisis y el crecimiento personal, por el viajecillo de última hora a las tierras belgas para ver a ese amigo que tanto voy a echar de menos y que nos ha abandonado este año en busca de una nueva aventura, por el inolvidable Calendario de Adviento, por todos esos momentos que seguro que me estoy dejando en este breve repaso, por la colección de fotos acumuladas que harán perdurar tantos grandes y pequeños acontecimientos en el tiempo y por todos vosotros que de alguna manera habéis formado parte de todo esto en mayor o menor medida.
 
Espero poder seguir compartiendo con vosotros lo que nos depare el 2007.