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日志


4月17日

MADRID A MIS PIES

 
Había visitado Madrid muchas veces, pero no la he descubierto hasta ahora. No hay mejor manera de conocer y disfrutar una ciudad que a través de los ojos de alguien a quien le apasiona.
 
Hay personas a las que, desde el principio y de alguna manera que no alcanzas a comprender, intuyes que vale la pena conocer. R es una de ellas. No me equivocaba. No sólo ha dedicado todo su tiempo este fin de semana única y exclusivamente a poner Madrid a mis pies, sino que ha superado cualquier expectativa.
 
No puedo describir el placer y la paz que me inundaron en los baños árabes, en los que rocé la felicidad con la punta de los dedos, la extraña comodidad de su compañía al pasear por la ciudad tratando de captar cada detalle que me presentaba mientras pensaba que podría escucharle durante horas y no me cansaría nunca, los nuevos sabores cargados de matices y el paralelismo del propio viaje al mundo de R con la evolución de los dibujos de Escher hasta esa imposibilidad a la vez fascinante y desconcertante que te atrapa.
 
He descubierto Madrid en R y a R en Madrid de una manera que no soy capaz de desligar. Y me he descubierto un poco más a mí misma.
 
Fui sólo dispuesta a dejarme sorprender. Sin planes, deseando saborear cada momento porque sabía que sería irrepetible. No quería cerrarme a nada ni mostrar ninguna dirección hacia la que quisiera dirigir mis pasos porque lo único que quería era dejarme llevar hasta donde R fuera capaz de guiarme como quien se deja arrastrar por las olas con los ojos cerrados. Si intentaras nadar, te perderías el placer del vaivén que te mece suavemente en la superficie mientras flotas, así que decidí que no nadaría, no intentaría siquiera llegar a tierra firme, esta vez sólo me dejaría mecer por la marea.
 
Me conozco lo suficiente para saber que no podría evitar cierto sabor agridulce al final como ocurre siempre que algo bueno termina, pero también sabía que era una de esas experiencias enriquecedoras que vale la pena vivir. Ayer volvía en el autobús con la sensación de cuando subes a un avión después de visitar un lugar que te ha deslumbrado con su encanto sin perder ese halo de misterio que te atrajo hasta él y que nunca llegarás a desvelar. Y sabes que nunca podrías vivir allí del mismo modo que sabes que podrías visitarlo una y otra vez y siempre descubrirías algo nuevo: nuevas sensaciones, nuevos sabores, nuevos matices, nuevos olores, nuevas experiencias... quizá hasta nuevos misterios.
 
Puede que ese lugar no sea tanto Madrid como el mismo R, pero hay cosas que no se pueden separar, que son cara y envés de una hoja, cara y cruz de una moneda.
 
Gracias R por esta experiencia inolvidable.
 
La vida es demasiado corta para perderse todo aquello que te ofrece y no son muchas las oportunidades de rozar la felicidad aunque sólo sea por un momento. Espero ser capaz de verlas siempre cuando aparezcan y no dudar nunca en aprovecharlas.
 
Siempre me alegro al descubrir que me he cruzado en el camino con una de esas personas de las que se puede aprender y disfrutar, aunque sólo haya podido captar unas pinceladas de un cuadro que seguro podría observar durante horas aún sbiendo que no estará nunca en la pared de mi salón. 
 
De la misma manera que un atardecer siempre es diferente y de la misma manera que eres capaz de disfrutarlo aunque sepas que será sólo un momento y que, aunque intentes retener el placer del roce de la brisa en tu cara, el olor salado del mar y el color cálido del cielo, desaparecerá con la fría oscuridad de la noche y no podrás reproducirlo nunca más y, aunque volvieras a la misma roca o a la misma montaña, a la misma hora e incluso en la misma compañía, eres consciente de que nunca sería el mismo atardecer, podría ser incluso igualmente fascinante pero jamás el mismo, de esa manera he vivido esta experiencia.
 
Cerré los ojos para que la marea me llevara al horizonte y allí los abrí para ver el atardecer. Y he vuelto más cargada de sensaciones que de fotografías porque hay cosas que no puede captar una imagen.
 
 
 Murmullos, olores, contrastes, vapores,
música del placer y los elementos,
cálidos roces y húmedos secretos.
 
Placer y dolor. Contrarios, parejos.
Juego de rubores y reflejos,
amasijo de carnes, alientos y sueños.
 
Mezcla de sabores, barrios y colores,
fugaz, permanente, efímero, intenso.
Torrente de palabras y silencios.
 
Gracias por compartir conmigo tu tiempo.
 
  
4月12日

ALCOCEBER NUNCA DEFRAUDA

 
El miércoles S llegó con MJ desde Madrid y nos dijo que hacía frío polar, así que decidimos hacer acopio de casi todas nuestras pertenencias para estar preparadas para afrontar cualquier circunstancia y cargamos el coche de Supersandía hasta los topes.
 
El jueves por la noche nos presentamos en el apartamento de S, en plan "desembarco de Normandía", y nuestros equipajes podrían clasificarse básicamente en 3 grupos:
 
Kit Playa: bikinis, toalla de playa, chanclas, protector solar para cuerpo, cara y pelo (sí, el del pelo también, a ver si se nos iba a estropear con tanto sol, que A es muy previsora) e incluso alguna bolsa de playa.
 
Kit Polo Norte: aproximadamente 5 mantas y un nórdico, un calefactor y las chaquetas más gordas que encontramos en nuestros respectivos armarios.
 
Kit Ocio (el más variado de todos para luchar contra el aburrimiento hasta límites insospechados): Monas de pascua de princesas, chocolate, galletas, cervezas y bebidas varias, un número aproximado de 13 libros (incluídos 2 de valenciano que iban en el maletero de Supersandía), 2 juegos de mesa (Trivial y Party), botas de montaña, "camisetas de salir", miles de pintalabios y sombras de ojos que sabéis que nos pierden, bolas cariocas que cautivaron la atención de todos, radiocasette y montones de CD's.
 
El tiempo no acompañó y el Kit Playa pasó a un segundo plano todo el fin de semana, pero nos alegramos de haber llevado el Kit Polo Norte que una de las noches salvó a A de la crionización y, sobre todo, el Kit Ocio, al que dimos buen uso en todas sus dimensiones.
 
Visitamos Peñíscola y algunas aumentamos el contenido de nuestras maletas considerablemente porque somos incapaces de no sucumbir a la tentación consumista de los mercadillos.
 
Hay que reconocer que no hemos vuelto negras cual conguitos pero lo hemos pasado muy bien y damos fe de que Castellón es una provincia con encanto .
 
4月2日

PASADA LA NIT EN VELA, ALCOCEBER NOS ESPERA

 
Parece que ha pasado un fin de semana más.  El viernes quedé con M y J, que vinieron de Madrid. M es de las pocas amigas del colegio que me quedan. Aunque estamos lejos, es de esas personas que sabes que te quiere y se preocupa por ti y, a pesar de que pasamos meses y meses sin vernos, en cuanto ella viene a Valencia o yo voy a Madrid, nos ponemos al día en un plis. Fuimos a cenar al Mc Donalds porque a las dos nos encanta (el pobre J se tuvo que aguantar), quizás porque el Big Mac tiene un cierto saborcillo familiar como a adolescencia, que nos encanta revivir una y otra vez porque desde que se ha impuesto el culto a la vida sana, nos quedan pocos fans de las hamburguesas con quien compartir estas maravillas que la comida basura nos ofrece y ya sabéis que yo tengo debilidad por las de Mac Donalds en concreto.
 
Bueno, no sólo son las hamburguesas lo que me pierde, porque ahora mismo me esán viniendo a la mente esos sandys con doble de caramelo y doble de cacahuetes acompañados de largas charlas sobre lo divino y lo humano en la época ya universitaria ¿recuerdas, K?
 
En fin, ahora estamos en una etapa kebab, la vida da muchas vueltas...jeje.
 
Recuerdo que por entonces ambas queríamos irnos de casa y decíamos que algún día viviríamos juntas, pero el destino es caprichoso y no sólo no vivimos en la misma casa sino que estamos en ciudades diferentes.
 
El sábado me levanté tarde y después de hacer una visita a nuestros amigos de Mercadona, comer y limpiar un rato, que ya iba haciendo falta de manera ineludible, me llamó Supersandía para ver si íbamos a "LA NIT EN VELA", aunque en el fondo tenía un debate interior porque su corazón la empujaba hacia Moncada, donde tocaba "Ojos de Brujo". Nos unimos a JJ y Raquel, previa pizza en mi casa, al final de un espectáculo de danza acrobática aérea en la Plaza de la Reina. Depués nos acercamos a la Plaza de la Virgen donde saludamos a D, el primo de Supersandía, que estaba escuchando un concierto de violines con música electrónica con unos amigos que nos miraron un poco raro cuando dijimos que JJ y R nos esperaban en la cola para entrar a una lectura de cuentos eróticos. Y en la cola nos quedamos casi 1 hora peleando con la multitud que se empeñaba en utilizarnos de pasillo para cruzar la plaza, hasta que abrieron las puertas y la gente empezó a colarse como loca por los lados dejándonos a las puertas. Como habíamos tenido espera más que suficiente, decidimos no echar raíces allí esperando al siguiente pase y nos fuimos a la plaza Redonda, donde nos reímos un rato con un monólogo a 3 bandas, en el que una de las monologuistas resultó ser una compañera mía de carrera, que ya por entonces tenía afición al teatro.
 
De allí nos marchamos hacia la Plaza del Ayuntamiento a ver el Corre Focs y, cuando terminó, nos dimos un paseíto bajo la lluvia, que nos había estado acompañando intermitentemente toda la noche, en un intento fallido de entrar a algún bar. La larga cola de la Claca y la persiana bajada del Café de las Tribus nos terminaron de catapultar a casa, aunque Supersandía casi consigue pasarse la nit realmente en vela gracias a un coche que bloqueaba al suyo bien frenado en doble fila, que finalmente fue retirado cuando estaba a punto de rendirse y subir a mi casa después de buscar al amable conductor por todos los bares de la contornada .
 
El domingo comí con mis padres y mis tíos en Fosters Hollywood y después fui con Supersandía al cine de reestreno a ver Scoop, rodeados de gente de lo más variopinta. Es lo que tiene que la entrada sea barata, que nuestro compañero de fila pensó que hacía frío y que lo mejor era echar la tarde allí dando una cabezadita. Se acurrucó en el asiento nada más llegar, sentado detrás de una jirafa, donde era imposible que viera nada, y empezó a roncar casi antes de que Woody Allen apareciera en pantalla.
 
Menos mal que esta semana tiene sólo 3 días y Alcoceber nos está esperando con los brazos abiertos. Espero que salga el sol porque hace muchos años que ya sólo vamos en verano y las últimas Pascuas que recuerdo allí estábamos de confesiones en la torre en casa de AC, que ahora se ha convertido en un bloque de apartamentos que está bastante lejos de tener el mismo encanto, tratando de retener nuestras vejigas para no tener que atravesar la tormenta para llegar hasta el baño.
 
Ya queda poquito, así que el jueves, las 4 mosqueteras, con las maletas cargadas de longaniza y monas de pascua, ganas de fiesta y optimistas bikinis, en cuanto Supersandía salga de currar, pondremos rumbo a la playita a probar suerte.